TOMAS DE AQUINO: MAESTRO DE DIALOGO ENTRE LAS CULTURAS
CIUDAD DEL VATICANO, 28 ENE 2007 (VIS).-Benedicto XVI dedicó a Santo Tomás de Aquino, doctor de la Iglesia, cuya festividad se celebra hoy, la reflexión precedente al Angelus.
Dirigiéndose a los miles de peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, el Papa recordó que santo Tomás de Aquino "ofrece un modelo válido de armonía entre razón y fe, dimensiones del espíritu humano que se realizan plenamente en el encuentro y diálogo entre ambas".
Para el doctor de la Iglesia, "la razón humana (...) se mueve en un horizonte amplio y abierto donde puede dar lo mejor de sí. Cuando en cambio el ser humano se reduce a pensar solamente en los objetos materiales y que se pueden experimentar, (...) se empobrece. La relación entre fe y razón constituye un serio reto para la cultura dominante en el mundo occidental".
El Santo Padre reconoció "los innumerables efectos positivos" de la ciencia moderna, pero advirtió al mismo tiempo que "la tendencia a considerar verdadero solamente aquello que se puede experimentar constituye una limitación de la razón humana" y por eso "es urgente, redescubrir de forma nueva la racionalidad humana abierta a la luz del Logos divino". "Cuando la fe cristiana es auténtica -subrayó- no mortifica ni la libertad ni la razón. (...) La fe presupone la razón y la perfecciona y la razón, iluminada por la fe, encuentra la fuerza para elevarse al conocimiento de Dios y de las realidades espirituales".
Por otra parte, "Santo Tomás de Aquino consiguió instaurar una confrontación fructuosa con el pensamiento árabe y judío de su tiempo hasta el punto de seguir siendo considerado un maestro siempre actual de diálogo con otras culturas y religiones. Supo presentar esa admirable síntesis cristiana entre razón y fe que para la civilización occidental representa un patrimonio inapreciable, del que servirse también hoy para dialogar eficazmente con las grandes tradiciones culturales y religiosas del oriente y del sur del mundo".
Después de rezar el Angelus el Papa habló de la Jornada Mundial de la Lepra, que se celebra hoy y aseguró "una oración particular por todas las personas aquejadas de ese mal, (...) que no es solo una enfermedad sino una plaga social". Benedicto XVI recordó a cuantos "en nombre de Cristo se han prodigado por esta noble causa", como "Raoul Follereau y el beato Damián de Veuster, apóstol de los leprosos en Molokai".
Por último, Benedicto XVI dedicó unas palabras a los chicos y chicas de Acción Católica de la diócesis de Roma, que concluían en la Plaza de San Pedro los actos del "mes de la paz". Como es tradición, un niño y una niña subieron al apartamento pontificio para liberar dos palomas, símbolo de la paz. "Que sean auspicio de la paz para el mundo entero", concluyó el Papa.
ANG/TOMAS AQUINO:LEPRA
AZ/... VIS 070129 (480)
IGNACIO DE ANTIOQUIA: UNIDAD CRISTIANOS, REFLEJO UNIDAD DIOS
CIUDAD DEL VATICANO, 14 MAR 2007 (VIS).-Prosiguiendo la catequesis sobre los padres apostólicos, Benedicto XVI habló en la audiencia general de hoy de San Ignacio de Antioquia. La audiencia se celebró en la Plaza de San Pedro y asistieron a ella alrededor de 25.000 personas.
San Ignacio fue obispo de Antioquia del año 70 al 107 de nuestra era y en esa ciudad "fue donde por primera vez -dijo el Papa- los discípulos recibieron el nombre de cristianos" . Condenado a ser devorado por las fieras fue trasladado a Roma para que esa sentencia se ejecutase y en el camino aprovechó de su paso por diferentes ciudades para reafirmar la fe de los cristianos que habitaban allí.
"Ningún padre de la Iglesia ha expresado con la intensidad de Ignacio el anhelo de unión con Cristo y a la vida en El", observó el Papa, explicando que en San Ignacio confluyen "dos corrientes espirituales: la de Pablo, que tiende a la unión con Cristo y la de Juan, concentrada en la vida en El. A su vez estas dos corrientes se unen en la imitación de Cristo".
"La irresistible tensión de Ignacio hacia la unión con Cristo funda una verdadera y propia mística de la unidad", prosiguió Benedicto XVI, y recordó que en las siete cartas que el obispo antioqueño escribió durante su viaje hacia Roma, repite a menudo que "Dios existiendo en tres personas es Uno en absoluta unidad" y dice a los cristianos que "la unidad que tienen que realizar en esta tierra no es más que una imitación, lo más conforme posible al arquetipo divino".
"Se advierte en (...) Ignacio una dialéctica constante y fecunda entre dos aspectos característicos de la vida cristiana: por una parte la estructura jerárquica de la comunidad eclesial, y por otra la unidad fundamental que liga entre sí a todos los fieles en Cristo. Por lo tanto, los roles no se pueden contraponer. Al contrario, la insistencia de la comunión de los creyentes entre ellos mismos y sus pastores, se refuerza constantemente mediante (...) analogías" tomadas de la música, como " la cítara, las cuerdas (...) la sinfonía".
"Es evidente la responsabilidad peculiar de los obispos, de los presbíteros y los diáconos en la edificación de la comunidad. Para ellos es válido ante todo el llamamiento al amor y la unidad".
"Con razón Ignacio es llamado "doctor de la unidad" -exclamó el Papa- y (...) en definitiva su "realismo" invita a los fieles de ayer y hoy a realizar una síntesis progresiva entre configuración con Cristo (...) y compromiso con su Iglesia ( unidad con el obispo y apertura al mundo) (...) entre comunión de la Iglesia en su interno y misión que es la proclamación del Evangelio a los demás".
AG/IGNACIO DE ANTIOQUIA/... VIS 070314 (470)
IGNACIO DE ANTIOQUIA: UNIDAD CRISTIANOS, REFLEJO UNIDAD DIOS
CIUDAD DEL VATICANO, 14 MAR 2007 (VIS).-Prosiguiendo la catequesis sobre los padres apostólicos, Benedicto XVI habló en la audiencia general de hoy de San Ignacio de Antioquia. La audiencia se celebró en la Plaza de San Pedro y asistieron a ella alrededor de 25.000 personas.
San Ignacio fue obispo de Antioquia del año 70 al 107 de nuestra era y en esa ciudad "fue donde por primera vez -dijo el Papa- los discípulos recibieron el nombre de cristianos" . Condenado a ser devorado por las fieras fue trasladado a Roma para que esa sentencia se ejecutase y en el camino aprovechó de su paso por diferentes ciudades para reafirmar la fe de los cristianos que habitaban allí.
"Ningún padre de la Iglesia ha expresado con la intensidad de Ignacio el anhelo de unión con Cristo y a la vida en El", observó el Papa, explicando que en San Ignacio confluyen "dos corrientes espirituales: la de Pablo, que tiende a la unión con Cristo y la de Juan, concentrada en la vida en El. A su vez estas dos corrientes se unen en la imitación de Cristo".
"La irresistible tensión de Ignacio hacia la unión con Cristo funda una verdadera y propia mística de la unidad", prosiguió Benedicto XVI, y recordó que en las siete cartas que el obispo antioqueño escribió durante su viaje hacia Roma, repite a menudo que "Dios existiendo en tres personas es Uno en absoluta unidad" y dice a los cristianos que "la unidad que tienen que realizar en esta tierra no es más que una imitación, lo más conforme posible al arquetipo divino".
"Se advierte en (...) Ignacio una dialéctica constante y fecunda entre dos aspectos característicos de la vida cristiana: por una parte la estructura jerárquica de la comunidad eclesial, y por otra la unidad fundamental que liga entre sí a todos los fieles en Cristo. Por lo tanto, los roles no se pueden contraponer. Al contrario, la insistencia de la comunión de los creyentes entre ellos mismos y sus pastores, se refuerza constantemente mediante (...) analogías" tomadas de la música, como " la cítara, las cuerdas (...) la sinfonía".
"Es evidente la responsabilidad peculiar de los obispos, de los presbíteros y los diáconos en la edificación de la comunidad. Para ellos es válido ante todo el llamamiento al amor y la unidad".
"Con razón Ignacio es llamado "doctor de la unidad" -exclamó el Papa- y (...) en definitiva su "realismo" invita a los fieles de ayer y hoy a realizar una síntesis progresiva entre configuración con Cristo (...) y compromiso con su Iglesia ( unidad con el obispo y apertura al mundo) (...) entre comunión de la Iglesia en su interno y misión que es la proclamación del Evangelio a los demás".
AG/IGNACIO DE ANTIOQUIA/... VIS 070314 (470)
JUSTINO: CRISTIANISMO, MANIFESTACION HISTORICA DEL LOGOS
CIUDAD DEL VATICANO, 21 MAR 2007 (VIS).-Benedicto XVI dedicó la catequesis de la audiencia general de hoy a San Justino, filósofo y mártir, el más importante de los padres apologistas del segundo siglo. A la audiencia, celebrada en la Plaza de San Pedro, participaron alrededor de 25.000 personas.
El Papa explicó que San Justino, nacido en torno al año 100 en Samaria, estudió la filosofía griega "en búsqueda de la verdad", antes de convertirse a la fe cristiana tras el encuentro con un anciano que le habló de la "incapacidad del ser humano para satisfacer sólo con sus propias fuerzas la aspiración a lo divino". Después "le indicó en los antiguos profetas (...) el camino de Dios y la verdadera filosofía", exhortándolo al final a la oración para que se le abrieran "las puertas de la luz".
Tras su conversión, Justino fundó una escuela en Roma donde enseñaba gratuitamente la nueva religión a sus alumnos. Denunciado por ese motivo, fue decapitado bajo Marco Aurelio.
En sus obras, "Justino demuestra como el proyecto divino de creación y salvación se cumple en Jesucristo, que es el Logos, el Verbo de Dios -dijo el Santo Padre-. Toda persona, creada como ser racional, participa del Logos, que lleva en germen y puede por tanto percibir la luz de la verdad".
De ahí que "el Logos, revelado como figura profética a los judíos en la Ley mosaica -subrayó el Santo Padre- se manifestase también, parcialmente, como en "semillas de verdad" a los griegos. Y dado que el cristianismo es la manifestación histórica y personal del Logos en su totalidad, "todo lo bello expresado por cualquier persona, es pertenencia de los cristianos".
Justino, convencido de que la filosofía griega tiende hacia Cristo, "cree que los cristianos pueden servirse de ella con confianza" y en conjunto, la figura y la obra del apologista "señalan la decidida opción de la Iglesia antigua en favor de la filosofía, en vez de a favor de la religión de los paganos", con la que los primeros cristianos "rechazaron con fuerza cualquier compromiso".
De hecho, prosiguió el Papa, "la religión pagana no seguía los caminos del Logos, sino que se obstinaba en recorrer los del mito, aunque la filosofía griega lo considerase carente de consistencia en la realidad. Por eso, el ocaso de la religión pagana era inevitable: era la consecuencia lógica del desprendimiento de la religión, reducida a un artificioso conjunto de ceremonias y costumbres (...) de la verdad del ser".
La opción de Justino y de los otros apologistas "fue la de la verdad del ser contra el mito de la costumbre" y " en una época como la nuestra, caracterizada por el relativismo en la discusión sobre los valores y sobre la religión, al igual que en el diálogo interreligioso, es una lección que no hay que olvidar".
Al final de la catequesis el Papa recordó que el próximo 24 de marzo se celebra el Día Mundial para la lucha contra la tuberculosis. "Que esa fecha -dijo- favorezca una responsabilidad más grande en la cura de esa enfermedad y una solidaridad cada vez más intensa para con los que la padecen. Invoco para ellos y sus familias el consuelo del Señor, mientras aliento las múltiples iniciativas de asistencia promovidas por la Iglesia en este ámbito".
AG/JUSTINO:TUBERCULOSIS/... VIS 070321 (550)
EL PSEUDO-DIONISIO AREOPAGITA: MEDIADOR DEL DIALOGO
CIUDAD DEL VATICANO, 14 MAY 2008 (VIS).-En la audiencia general de este miércoles, celebrada en la Plaza de San Pedro, el Papa retomó sus catequesis sobre los padres de la Iglesia y hoy habló sobre el Pseudo-Dionisio Areopagita, cuya intención era, dijo, "poner la sabiduría griega al servicio del Evangelio".
El Santo Padre explicó que este escritor antiguo del siglo VI, en una época de "acérrimas polémicas después del Concilio Calcedonia", afirmó que "la luz de la verdad por sí misma hace caer los errores y resplandecer lo que es bueno. Con este principio purificó el pensamiento griego poniendo en relación con el Evangelio".
El Pseudo-Dionisio Areopagita se sirvió del politeísmo griego "para mostrar la verdad de Cristo y transformar el universo politeísta en un cosmos creado por Dios", donde "todas las criaturas reflejan juntas la verdad de Dios".
El Papa dijo que "siendo la criatura una alabanza a Dios, la teología del Areopagita se convierte en una teología litúrgica. A Dios se le encuentra sobre todo alabándolo, no solo reflexionando''.
Este escritor fue el creador de la primera "gran teología mística (...); con él la palabra "mística" se vuelve más personal, más íntima: expresa el camino del alma hacia Dios (...). Y demuestra que al final el camino hacia Dios es Dios mismo, que se hace cercano a nosotros en Jesucristo".
"Hoy existe una nueva actualidad del Pseudo-Dionisio Areopagita: aparece como un gran mediador del dialogo moderno entre el cristianismo y las teologías místicas de Asia, cuya característica estriba en la convicción de que no se puede decir quién sea Dios. De El se puede hablar solo en forma negativa. (...) Y solo entrando en esta experiencia del "no" se llega a El".
El diálogo, terminó Benedicto XVI, "no acepta
AG/PSEUDO-DIONISO AREOPAGITA/... VIS 080514 (370)
ROMANO EL MELODA:
CIUDAD DEL VATICANO, 21 MAY 2008 (VIS).-Benedicto XVI dedicó la catequesis de la audiencia general de los miércoles a Romano el Meloda, sirio, "teólogo poeta y compositor" y diácono permanente, establecido en un monasterio de la periferia de Constantinopla en el siglo VI". El Santo Padre saludó primero a los fieles en la basílica vaticana y después se trasladó al Aula Pablo VI, donde se habían congregado unas 8.000 personas.
Romano, explicó el Papa, pertenece al "gran grupo de teólogos que han transformado la teología en poesía", como "San Efrén de Siria, (...) San Ambrosio, (...) Santo Tomás de Aquino, (..) San Juan de
El Meloda "ha pasado a la historia como uno de los autores más representativos de himnos litúrgicos" en un tiempo en que "la homilía era para los fieles prácticamente la única ocasión de instrucción catequística". Es modelo "de una forma vivaz y original de presentar la catequesis. (...) A través de sus composiciones podemos darnos cuenta de la creatividad (...) del pensamiento teológico, de la estética, de los himnos sacros de ese tiempo".
En sus homilías cantadas, llamadas "kontákia", Romano "no adopta el griego bizantino y solemne de la corte, sino un griego sencillo cercano al lenguaje del pueblo", mientras "la fuerza de convicción de sus predicaciones se basaba en la gran coherencia entre sus palabras y su vida".
Benedicto XVI citó después algunos de los temas centrales de la predicación del teólogo poeta: "la unidad de la acción de Dios en la historia, (...) la unidad entre creación e historia de la salvación, la unidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento".
Otro tema es "la doctrina sobre el Espíritu Santo"; hablando de Pentecostés "subraya la continuidad existente entre Cristo, ascendido al cielo y los apóstoles, es decir, la Iglesia, y exalta la acción misionera en el mundo". En ámbito cristológico "no entra en el problema conceptual (...) que tanto laceró la unidad, no sólo entre los teólogos sino en la Iglesia". Predica en cambio "la cristología de los grandes concilios, pero sobre todo está cerca de la piedad popular. (...) Los conceptos de los concilios nacieron de la piedad popular, del conocimiento del corazón cristiano. Por eso recalca que Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre (...) una sola persona".
Las enseñanzas morales de Romano, observó el Santo Padre, "se relacionan (...) especialmente con el Juicio Final". El teólogo "nos lleva a este momento de la verdad de nuestra vida, el encuentro con el Juez justo y por lo tanto indica la conversión mediante la penitencia, el ayuno y la caridad que para él tiene la primacía absoluta entre las virtudes".
"La humanidad palpitante, el ardor de la fe y la humildad profunda impregnan los cantos de Romano el Meloda -señaló Benedicto XVI-. Este gran poeta y compositor nos recuerda todo el tesoro de la cultura cristiana, nacida de la fe, nacida del corazón que se encontró con Cristo. De este contacto con la Verdad que es amor (...) nació toda la gran cultura cristiana".
"Si la fe sigue viva esta herencia cultural no muere; (...) sigue presente. Los iconos hablan también hoy a los corazones que creen, no son solamente cosas del pasado. Las catedrales no son monumentos medievales, sino hogares donde nos encontramos con Dios y unos con otros. La gran música, el canto gregoriano, Bach, Mozart, no son cosas del pasado. Viven con la vitalidad de nuestra liturgia y de nuestra fe. Si la fe está viva, la cultura cristiana no se convierte en pasado".
"Y si la fe sigue viva -exclamó Benedicto XVI- también hoy podemos responder al imperativo que se repite siempre (..): "Cantad al Señor un cántico nuevo". Creatividad, innovación, canto nuevo, cultura nueva y presencia de toda la herencia cultural, de la vitalidad de la fe, no se excluyen sino que son una única realidad. Son presencia de la belleza de Dios, de la alegría de ser hijos suyos ".
AG/ROMANO EL MELODA/... VIS 080521 (680)
GREGORIO MAGNO: HOMBRE DE DIOS, AL SERVICIO DEL PROJIMO
CIUDAD DEL VATICANO, 28 MAY 2008 (VIS).-En la audiencia general de este miércoles, celebrada en la Plaza de San Pedro, el Papa habló sobre san Gregorio, que fue Obispo de Roma entre el 590 y el 604, "y que mereció de la tradición el título de "Magnus", Grande".
Gregorio, afirmó el Santo Padre, "fue realmente un gran Papa y un gran Doctor de la Iglesia". Nació en Roma en el 540, en el seno de una familia rica, noble, que se distinguía por su "fe cristiana y por sus servicios a
Benedicto XVI recordó que san Gregorio entró en la administración pública y "en el 572 llegó a ser Gobernador de Roma. (...) Sin embargo, esta vida no le satisfizo y al poco tiempo decidió dejar este cargo civil y se retiró a su casa para iniciar la vida monacal". De este modo, "adquirió un profundo conocimiento de
Debido a su experiencia y a sus cualidades, el Papa Pelagio II lo nombró diácono y lo envió como su embajador a Constantinopla, "con el fin de superar los últimos residuos de la controversia monofisita y sobre todo obtener el apoyo del emperador para contener la presión de los longobardos". Tras varios años, "el Pontífice lo llamó a Roma y lo nombró su secretario". Cuando Pelagio II murió, Gregorio le sucedió en la Sede de San Pedro. Era el año 590".
El Santo Padre señaló que del pontificado de Gregorio "se conserva una amplia documentación gracias al Registro de sus cartas, unas 800. (...) Entre los problemas que afligían en aquel tiempo Italia y Roma había uno de particular relieve, tanto en ámbito civil como eclesial: la cuestión de los longobardos". Para afrontarla, "estableció con ellos relaciones de fraternidad en vista de una paz futura fundada en el respeto recíproco y en la convivencia serena entre italianos, imperiales y longobardos".
Tras afirmar que la negociación con el rey longobardo Agilulfo "desembocó en un período de tregua que duró unos tres años (598-601), después de los cuales fue posible estipular en el 603 un armisticio más estable", el Papa resaltó que esto se debió también "gracias a los contactos paralelos que mantenía Gregorio con
"San Gregorio -continuó- también fue un activo protagonista de una variada actividad social. Con las rentas del patrimonio conspicuo que la Sede romana poseía en Italia, especialmente en Sicilia, compró y distribuyó grano, socorrió a los necesitados, ayudó a sacerdotes, monjes y monjas que vivían en la indigencia, pagó rescates de ciudadanos hechos prisioneros por los longobardos, compró armisticios y treguas".
El Papa puso de relieve que "san Gregorio desarrolló esta intensa actividad a pesar de su precaria salud, que le obligaba a menudo a guardar cama. (...) No obstante las condiciones dificilísimas en las que tuvo que actuar, logró conquistar, gracias a la santidad de la vida y a la rica humanidad, la confianza de los fieles, consiguiendo para su tiempo y para el futuro resultados realmente grandiosos".
"Era un hombre inmerso en Dios: en el fondo de su alma estaba siempre vivo el deseo de Dios, y precisamente por eso estaba siempre muy cercano al prójimo, a las necesidades de la gente de su tiempo. En un tiempo desastroso, es más, sin esperanza, supo crear paz y dar esperanza. Este hombre de Dios nos muestra -concluyó- dónde están las verdaderas fuentes de la paz, de dónde viene la verdadera esperanza y de este modo es una guía también hoy para nosotros".
AG/SAN GREGRIO MAGNO/... VIS 080528 (660)
SAN COLUMBANO NUTRIO LAS RAICES CRISTIANAS DE EUROPA
CIUDAD DEL VATICANO, 11 JUN 2008 (VIS).-En la audiencia general de hoy, celebrada en la Plaza de San Pedro, el Papa habló sobre san Columbano, uno de los monjes irlandeses más conocidos del siglo VI, "que con razón se puede considerar un santo "europeo".
Nacido en el 543, en la provincia de Leinster, al sudeste de Irlanda, "Columbano -dijo el Santo Padre- entró a los veinte años en el monasterio de Bangor" y la vida en este lugar y el ejemplo del abad Comgall "influyeron en el concepto de monaquismo que el santo maduró con el tiempo y difundió a lo largo de su existencia".
Benedicto XVI recordó que Columbano abandonó la isla a los cincuenta años "para emprender con doce compañeros una obra misionera en el continente europeo, donde a causa de la emigración de pueblos venidos del Norte y del Este, amplias zonas cristianizadas habían vuelto al paganismo".
Tras poner de relieve que la "reevangelización" de estos misioneros "comenzó a desarrollarse sobre todo mediante el testimonio de la vida", el Papa señaló que "muchos jóvenes deseaban ser acogidos en la comunidad monástica para vivir como ellos, y en seguida fue necesario fundar un segundo monasterio", que se construyó en Luxeuil. Este monasterio "se convirtió en el centro de la irradiación monástica y misionera de tradición irlandesa en el continente europeo. Un tercer monasterio se construyó en Fontaine".
San Columbano "vivió unos veinte años en Luxeuil" y allí "escribió
"Por su intransigencia con todas las cuestiones morales, entró en conflicto con la casa real, porque había amonestado duramente al rey Teodorico por sus relaciones adúlteras" y en el 610 fue expulsado de Luxeuil junto con todos los monjes irlandeses, "que fueron condenados a un exilio definitivo".
Debido a unos problemas durante la navegación, el barco se encalló a poca distancia de la playa y los monjes volvieron a tierra. Pero en vez de regresar a Luxeuil "comenzaron -dijo el Papa- una nueva etapa evangelizadora", primero en Tuggen (Suiza) y después en la parte oriental del lago de Constanza.
Benedicto XVI señaló que al llegar a Italia, san Columbano tuvo que afrontar "notables dificultades: la vida de la Iglesia estaba lacerada por la herejía arriana, que todavía prevalecía entre los longobardos, y el cisma que había separado a la mayor parte de las Iglesias de Italia septentrional de la comunión con el Obispo de Roma". En este contexto, el santo irlandés "escribió un libelo contra el arrianismo y una carta al Papa Bonifacio IV para convencerlo de que se comprometiera decididamente en restablecer la unidad".
Columbano, continuó, "fundo en Bobbio un nuevo monasterio que llegaría a ser un centro de cultura comparable al famoso monasterio de Montecasino. Aquí transcurrió sus últimos días: murió el 23 de noviembre del 615 y en esa fecha es conmemorado en el rito romano hasta hoy".
"El mensaje de san Columbano se concentra en un firme llamamiento a la conversión y al desapego de las cosas terrenas en vista de la herencia eterna. Con su vida ascética y su comportamiento sin compromisos frente a la corrupción de los poderosos, evoca la figura severa de san Juan Bautista. Su austeridad, sin embargo, (...) solo es el medio para abrirse libremente al amor de Dios y corresponder con todo el ser a los dones recibidos de El, reconstruyendo en sí la imagen de Dios y al mismo tiempo trabajando la tierra y renovando la sociedad humana".
El Papa terminó poniendo de relieve que el santo monje irlandés, "hombre de gran cultura y rico de dones de gracia, sea como incansable constructor de monasterios, que como predicador penitencial intransigente, dedicó todas sus energías a alimentar las raíces cristianas de la Europa que estaba naciendo. Con su energía espiritual, con su fe, con su amor a Dios y al prójimo se convirtió en uno de los padres de Europa, que nos muestra hoy dónde están las raíces de las cuales puede renacer nuestro continente".
AG/SAN COLUMBANO/... VIS 080611 (700)